Por María Fernanda Arregui, estudiante de 3er año de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.
Un círculo imperfecto de pupitres rompe la geometría habitual cada lunes a las 8:30 am. En el aula de octavo grado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas San Alejandro, quince adolescentes —doce muchachas y tres varones— forman un círculo irregular donde caben la risa, la escucha activa y la palabra.
Así comenzó el taller de Periodismo Adolescente, coordinado por estudiantes de tercer año de Periodismo como parte del proyecto Escaramujo, entre el 8 de septiembre y el 15 de diciembre de 2025. La escena no es casual: responde a una concepción horizontal del aprendizaje, heredera de la educación popular, donde nadie ocupa el centro y todas las voces importan.
Durante más de diez sesiones, organizadas en tres etapas —diagnóstico y construcción colectiva, formación técnica y creación experimental, producción integradora y cierre reflexivo—, el taller ofreció herramientas básicas del periodismo, el lenguaje audiovisual y las narrativas digitales. Pero también abrió espacios de debate, reflexión crítica y socialización de emociones.
No todos escribieron textos. Algunos prefirieron diseñar, crear portadas, pensar colores o nombres.
El taller nació a partir de un diagnóstico de vulnerabilidades realizado por estudiantes de Psicología a inicios de 2025. Esa investigación previa permitió comprender la necesidad del grupo de expresarse, debatir y sentirse reconocido. A lo largo del proceso, la coordinación —Ana Beatriz Liens, Luis Ernesto Christy y María Fernanda Arregui— ajustó dinámicas, fortaleció la cohesión grupal y acompañó sin imponer.
La mística, los papelógrafos, los post-it, los espacios de devolución al inicio y cierre de cada sesión, fueron herramientas para algo más profundo: construir confianza.
En medio de estos encuentros, los adolescentes participaron también en la realización de un mural con temática medioambiental en la escuela «Gustavo Pozo», representando al proyecto Escaramujo. La creación fue colectiva, discutida trazo a trazo.
En este taller, la comunicación no se limita al texto. El arte, lo visual y lo digital se integran como lenguajes periodísticos capaces de narrar el mundo desde la sensibilidad juvenil.
Al finalizar el taller, muchos adolescentes dijeron que no imaginan su futuro profesional en el periodismo. Pero casi todos coincidieron en algo: aprendieron a expresar ideas, a escuchar otras miradas, a compartir en un espacio seguro.
El periodismo adolescente, tal como se trabajó aquí, no fue un fin en sí mismo. Fue una herramienta de emancipación personal, un modo de nombrar el mundo y nombrarse dentro de él.
Por Nasaelys Isela Rodriguez Rodriguez, estudiante de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.
Desde septiembre y hasta diciembre de 2025, el proyecto Escaramujo desarrolla un taller de periodismo adolescente en la Escuela de Artes Plásticas San Alejandro, con estudiantes de octavo grado. La iniciativa busca fomentar la expresión juvenil mediante el periodismo y la creación audiovisual desde sus propias voces.
El espacio se ha convertido en un laboratorio de descubrimiento, donde cada palabra e imagen reflejen curiosidad y sentido crítico. Entre risas, preguntas y nuevas ideas, los adolescentes van construyendo una voz colectiva que habla de su tiempo y de los sueños que comienzan a contar en primera persona.
Este proceso se enlaza con otras experiencias impulsadas por Escaramujo, como el taller de periodismo adolescente realizado junto a Casa Editora Abril y Revista Pionero, donde muchachos y muchachas compartieron sus historias y aprendieron a transformar la realidad desde la escritura y la imagen.
La convicción que sostiene estas iniciativas es clara: el saber y el derecho a contar nuestras historias no son un lujo, sino herramientas esenciales para la construcción colectiva de una sociedad más justa.
En palabras de Paulo Freire, referente de la educación popular, “la educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.
Incluso en circunstancias complejas, estos adolescentes dedican esfuerzo y creatividad a trabajar por un futuro mejor. Su espíritu es, en esencia, un acto de fe en la colectividad y el servicio.
Por Ana Beatriz Liens Samper, estudiante de 3er año de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.
A las 5:30am sonó la alarma en la penumbra de mi habitación. Desperté con mucho dolor de cabeza, apagué el teléfono y al darme cuenta de que ya era 7 de septiembre casi vomito. Un gallo a lo lejos cantó al amanecer.
Mi familia estaba más nerviosa que yo. Me hacían las mismas preguntas una y otra vez: ¿Cogiste todo?, ¿Los van a ir a recoger cuando lleguen?, ¿Dónde van a dormir? Respondí como un robot con las respuestas predeterminadas. Todas mis energías estaban centradas en llegar a tiempo a coger el ómnibus con destino a Matanzas.
En la terminal me encontré con Luis y Daniela, mis compañeros de viaje. Luis, un periodista en formación con alma soñadora, estaba aparentemente tranquilo. Transmitía mucha seguridad. Todo parecía estar bajo su control.
Daniela se veía un poco más expectante. Miraba a todo y todos en silencio analítico. La psicología no había sido para ella una carrera escogida al azar.
Nos despedimos de nuestros familiares llegadas las 8:00am. Entregamos el equipaje y, al cabo de un rato de espera, por la ventanilla de una Transmetro azul, dijimos adiós con la mirada a la terminal de ómnibus de La Habana.
La mayor parte del viaje una silenciosa Daniela trató de no marearse junto a Luis y a mí, que no paramos de hablar la primera hora y media. Comentamos ideas a desarrollar y algunos debates teológicos. Los tres estábamos emocionados. Intuíamos que este viaje transformaría las vidas de los adolescentes y las nuestras. Ellos aprenderían a contar con sus voces la realidad; nosotros nos descubriríamos en cada una de sus historias.
El proyecto universitario Escaramujo, al cual nos unimos formalmente en el año 2025, pero que ya goza de 15 años de creado, logró sembrar en pocos meses las ganas insaciables de ayudar y hacer en nosotros, jóvenes estudiantes de 3er año. Cuando el proyecto nos propuso desarrollar durante una semana un taller de periodismo adolescente en la Escuela de Formación Integral (EFI) «Antonio Guiteras Holmes», los casi periodistas no pudimos resistirnos. Para nosotros era un honor.
Las Escuelas de Formación Integral recogen en sus instalaciones a adolescentes que realizan hechos tipificados por la ley como delitos. En ellas, los adolescentes reciben las clases correspondientes a su nivel escolar, realizan trabajo socialmente útil (TSU) y llevan a cabo actividades que complementan su proceso de reinserción a la sociedad.
Llegamos a la antigua terminal de Matanzas a la 12:00pm. En contra de todos los pronósticos no había nadie esperándonos. Llamamos a varias personas y nadie tenía respuestas.
Miramos el reloj. Era hora de almuerzo. Daniela abandonó la postura de falsa neutralidad y empezó a hacer muchas conjeturas; ya bajo la sombra de un árbol, Luis nos dijo con calma:
—Ana, recoge el maletín. Daniela dame acá la maleta esa y coge tú esta java que pesa menos. Miren, nos vamos a caminar Matanzas. Yo más o menos sé dónde estamos.
Por muy increíble que nos pudiera parecer, nadie sabía dónde estaba la EFI, todos la conocían como “la cárcel de menores”. Llegamos a la sede provincial del Minint, pedimos indicaciones y luego de un camino enredado encontramos nuestro destino.
Las primeras impresiones siempre se han dicho que son importantes; pues bien, la EFI Antonio Guiteras es muy bonita. Está totalmente pintada, limpia y organizada. Las plantas cuidadas y los pasillos relucientes. Tiene un amplio patio en el centro de la rectangular disposición de sus pasillos y en este una plazoleta donde luego veríamos izar la bandera y desarrollar el matutino escolar.
Antes de asignarnos el cubículo donde dormiríamos en esa semana, la oficial de guardia nos llevó a conocer a los adolescentes. Parados uno al lado del otro, había 12 muchachos que nos miraban con atención. La oficial les contó quiénes éramos y cuál era nuestro objetivo. Se hizo silencio.
Llegaron las 7:00pm y comenzamos la primera sesión. Como proyecto seguimos los preceptos de la educación popular e invitamos a los muchachos a sentarse en círculo con nosotros en el patio. Al comienzo mostraron resistencia. No prestaban atención o reían bajo.
Los coordinadores no perdimos la paciencia. Nos presentamos, facilitamos establecer normas grupales, les hablamos de periodismo y de cómo aplicarlo en la adolescencia. Preguntamos qué expectativas tenían en el taller y anotamos sus temas de interés.
Ellos quisieron saber cómo era La Habana, por qué habíamos llegado a Matanzas, nuestros gustos musicales y aspiraciones.
El lunes 8 de septiembre comenzó al alba, vimos la rutina de la escuela. A las 3:00pm los esperábamos en la biblioteca con cierto nerviosismo. No era la primera sesión, pero sí la primera en la que entraríamos en verdadero contenido periodístico.
Los nervios también se debían a otro factor: en un principio habíamos ido con la idea de enseñarles a producir un podcast, pero ellos contaron que les interesaba crear un audiovisual y nos comprometimos a hacerlo realidad.
Hablamos de los géneros periodísticos tradicionales. Quedaron fascinados con la entrevista, la crónica y el comentario. La nota informativa les pareció demasiado seria y el reportaje algo extenso. Las dinámicas ayudaron a que los temas se entendieran sin percances.
El martes descubrimos que era el cumpleaños de Alejandro. Lo vimos llorar desconsolado al terminar el matutino. Fuimos al pueblo a hacernos de un pequeño dulce adornado con una vela. Le cantamos feliz cumpleaños antes de empezar la sesión vespertina.
Luego, sería él quien ayudara a elaborar el guión literario, grabara la primera parte de la voz en off y llenara los papelógrafos de agradecimientos y buenos deseos en colores.
Un rato después hablamos de periodismo audiovisual, de la importancia del sonido y la imagen. Conocieron y pusieron en práctica los ángulos, planos y movimientos de cámara más utilizados.
Fue entonces cuando Ryan dijo:
—Madrina, ah no, Ana, ¿y nosotros no podemos salir en el documental tocando los instrumentos? Tití y yo podemos tocar los batá y Jordan canta.
Cuando Ryan dijo eso comprendí que ellos tenían claro que iban a contar su propia historia. Supe que el toque distintivo del audiovisual sería el tener banda sonora original. Al instante le dije que sí. Fue la mejor decisión que pudimos tomar.
Todo marchaba de maravilla. Los adolescentes eligieron el nombre para su audiovisual: “Un nuevo comienzo”. Centraron el tema y elaboraron un guión.
Estábamos listos para comenzar las grabaciones cuando nos enteramos de que se había caído el sistema electroenergético nacional (SEN). Nos invadió la preocupación.
La EFI está protegida bajo un circuito al cual le ponen la electricidad 3 horas cada 6 horas. Adaptarnos a eso no fue tan difícil como pensamos. Una profesora de la EFI nos confió que en su casa ya el refrigerador es un armario más.
El jueves grabamos su día a día en la EFI: el desayuno, el matutino, las clases, el TSU, tocando los instrumentos, jugando dominó, haciendo deporte y conversando sobre sus sueños.
—Yo le quisiera aconsejar a los muchachos que están allá afuera que la calle no da nada, que se cuiden y que no sigan malos pasos
El viernes en la noche tuvo lugar la última sesión. El círculo de sillas bajo el cielo estrellado escuchó los aprendizajes y experiencias personales del taller. Lloré mucho ese día. No podía aceptar que debía irme y dejarlos allí.
Finalmente, llegó el sábado 13 de septiembre. El día del gran estreno.
Presentamos el video. Sus caras fueron poemas. Algunos muchachos se rieron, otros se taparon la cara por vergüenza. Dos madres lloraron emocionadas al escuchar las entrevistas de sus hijos.
Los escaramujos estábamos orgullosos. Habíamos logrado algo que parecía imposible.
Nos fueron a buscar para dejarnos en la terminal. Los abracé a todos. No me hubiera perdonado si me iba sin hacerlo.
Me empeñé en llevarme un recuerdo. Un pedacito de tierra de la Antonio Guiteras. Cuando me monté en el asiento trasero de aquel Lada llevaba entre mis manos un retoño de terciopelo debidamente guardado en una bolsa.
El ómnibus rumbo a La Habana llegó. Recuerdo vívidamente los portales vacíos, las lomas bañadas de fría llovizna y el cielo gris de esa tarde.
Recuerdo a Silvio Rodríguez que, mediante mis audífonos, fue la banda sonora de mi regreso:
El Proyecto Escaramujo fue protagonista de un reportaje audiovisual realizado por la periodista Belén de los Santos para el espacio «A lo cubano» de la señal internacional TeleSUR.
El reportaje viaja hasta los orígenes del Proyecto y narra cómo una iniciativa estudiantil de la Facultad de Comunicación trascendió las aulas para encontrarse con adolescentes de las Escuelas de Formación Integral (EFI). Esta unión dio vida a una metodología donde el periodismo y la educación popular se funden para empoderar a jóvenes, brindándoles herramientas para narrar sus propias realidades y reflexionar colectivamente sobre su entorno.
El segmento muestra cómo, partiendo de talleres educomunicativos, Escaramujo ha florecido en una red capaz de producir documentales, revistas, series y podcasts con los adolescentes. Además, destaca el compromiso social de los estudiantes universitarios que facilitan los talleres y pone el foco en el impacto transformador que esta experiencia tiene en los jóvenes participantes, quienes encuentran en la comunicación un espacio para ser escuchados, validados y convertirse en protagonistas de su propio cambio.
Este contenido de TeleSUR no solo visibiliza el trabajo de Escaramujo, sino que también refleja nuestra convicción de que el saber y el derecho a contar la nuestras historias no son un lujo, sino herramientas esenciales para la construcción colectiva de una sociedad más justa.
Por Nasaelys Isela Rodriguez Rodriguez, estudiante de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de la Habana.
En agosto de 2025, la Escuela de Formación Integral (EFI) José Martí de La Habana acogió un nuevo taller del Proyecto Escaramujo, esta vez dedicado a la reflexión sobre masculinidades y roles de género (taller en la EFI José Martí).
El encuentro representó un paso significativo en el compromiso por fomentar un diálogo inclusivo y constructivo entre adolescentes y sus familias, reafirmando la vigencia de un proyecto que comenzó en 2010 y que hoy suma más de un centenar de experiencias educomunicativas en todo el país.
El taller no solo fue un espacio de aprendizaje, sino también de memoria. Rodolfo Romero, fundador del proyecto, confesó que regresar a la misma EFI donde todo inició hace quince años lo hizo “viajar en el tiempo”.
Encontrarse con jóvenes cuyas historias de vida recordaban a las de aquellos muchachos del primer taller, constató que, pese al paso del tiempo, los problemas sociales persisten y se repiten patrones familiares. “Hay estudiantes que provienen de hogares disfuncionales y otros de familias preocupadas por su futuro, pero igualmente marcados por decisiones condicionadas por su entorno social”, señaló.
Para él, esta experiencia número 100 reafirma que Escaramujo debe ampliar su radio de acción hacia las familias, con una labor preventiva que evite que los adolescentes terminen en escuelas de formación integral por causas sociales evitables.
La coordinadora del taller, Laura Sofía, también compartió su visión. Reconoció que fue uno de los más difíciles de preparar, pues debió separar su emocionalidad para guiar el proceso con claridad.
Sin embargo, destacó que la metodología de la educación popular —basada en el diálogo, la interacción, la diversión y la horizontalidad— permitió sensibilizar a los adolescentes y hacerlos sentir escuchados. “Ellos fueron parte de un taller en el que se sabían importantes”, afirmó.
La jornada alcanzó un momento especial durante la visita de los padres, cuando los jóvenes narraban con entusiasmo lo aprendido. Para el equipo de Escaramujo, ver esa conexión entre adolescentes y familias fue profundamente satisfactorio.
Desde su primera experiencia en 2010, los talleres de Escaramujo han evolucionado y se han expandido más allá de La Habana, llegando a diversas provincias del pais. Cada encuentro ha sido una oportunidad para que los participantes compartan sus vivencias y reflexionen sobre su papel en la sociedad, construyendo un sentido de pertenencia y colaboración.
El taller de 2025, con sus desafíos y aprendizajes, confirma que la comunicación comunitaria sigue siendo una herramienta transformadora: cada joven tiene el poder de contribuir a una sociedad más justa e igualitaria, y cada familia puede ser parte activa de ese proceso.
Por Melani Bárbara Cedeño Fonseca, adolescente del taller de periodismo adolescente de Escaramujo en colaboración con la revista Pionero.
Imagen tomada de la web
Henry y Daniel eran mejores amigos desde pequeños. Siempre iban y regresaban juntos de la escuela. Pasaban las tardes en el parque y nunca se separaban. Esta cercanía provocó que, con el paso del tiempo, Daniel experimentara sentimientos amorosos hacia Henry. Sin embargo, hubo un problema: Daniel sabía que su amigo no le correspondía y temía perder la amistad si se lo contaba. Además, se sentía presionado por no cumplir con las expectativas de sus amigos
Según la estudiante de Psicología Laura Sofía Ferreiro Valdés, cada vez es más común que las personas comprendan las presiones que enfrentan los adolescentes homosexuales, como el discurso de odio, el acoso y el aislamiento. Sin embargo, no todos son conscientes de la fuerza que la comunidad ejerce sobre los jóvenes para que actúen de una manera determinada y del impacto que esto tiene en su salud mental.
Entender y abordar la magnitud de este problema es fundamental para proteger el bienestar integral de los adolescentes y ayudarlos a desarrollar herramientas que les permitan manejar de forma saludable los conflictos sociales que enfrentan.
Imagen tomada de la web
La presión social es la influencia ejercida entre personas de un mismo grupo social. También es el término utilizado para describir el efecto que dicha influencia tiene sobre una persona para que se adapte a los estándares colectivos y obtenga aceptación.
Con mucha frecuencia, la presión social recibe una connotación negativa, pero no siempre es perjudicial. Aprender normas aceptables es un aspecto positivo de la socialización.
Según la asociación Anda CONMIGO, de España, Chile y México, la presión social puede hacer que cambie radicalmente la opinión de la persona que la sufre, provocando que llegue a modificar su imagen personal, adopte actitudes dañinas hacia otros y participe en actividades riesgosas solo para ser aceptada por los demás.
Cuando las personas se sienten socialmente presionadas también suelen tener dificultades emocionales como ansiedad, tristeza o baja autoestima, lo cual conlleva a sufrir conflictos internos o aislamiento social.
Cada adolescente tiene derecho a elegir y descubrir sus preferencias sexuales sin ser juzgado. Para esto se han creado campañas, organizaciones y charlas, entre otras actividades, con el objetivo de concientizar a la población de que la preferencia sexual de las personas no es motivo de exclusión.
La presión social no debe ser ejercida ni recibida por ninguna persona. Los padres y familiares de los adolescentes deben informarse sobre estos temas y aconsejarlos de la mejor manera.
Por Anyela Patricia Barroso Ruiz y Verónica Karla Rico del Valle, adolescentes del taller de Periodismo adolescente de Escaramujo en colaboración con la revista Pionero.
Foto de Jennifer Babastro
El embarazo adolescente es una de las temáticas que siempre sale a relucir cuando se mencionan los problemas más frecuentes en estas edades. Tanto es así que nosotras, adolescentes que participaron en el taller de periodismo adolescente de Escaramujo y la revista Pionero, decidimos entrevistar a madres adolescentes para que contaran su historia.
Testimonio de vida: Jennifer Babastro
Mi nombre es Jennifer Babastro y tengo 22 añitos. Nací en Guantánamo, desde pequeña fui criada por mi abuela materna hasta la adolescencia que vine a vivir con mi mamá para La Habana. En ese entonces estaba al culminar 9no. grado, era una estudiante muy aplicada, con excelentes notas y uno de los primeros escalafones en la escuela 9 de abril, del Cotorro.
Luego, al comenzar el pre comencé a salir y a conocer a nuevas amistades, desatendiendo mis estudios. Conocí a un muchacho mayor que yo, tuvimos una pequeña relación y salí embarazada con 17 añitos. Al pasar por eso me sentí muy asustada ya que no estaba preparada ni física ni psicológicamente, ya que era muy joven. Mi familia al enterarse quedó sorprendida, pero al final me apoyaron, aunque mi pareja no mucho. Entonces decidí salir adelante por mí y por mi niña.
Tuve que empezar a trabajar para poder mantenernos y comprar las cosas necesarias. No fue planificado, pero aun así me puse fuerte y decidí seguir con mi embarazo. Sufrí mucho, no fue fácil, pero hoy en día puedo asegurar que ha sido el mayor regalo que me dio la vida.
Mi consejo para los adolescentes es que estudien mucho, disfruten su adolescencia, pero con mucha precaución, porque traer un hijo al mundo es una bendición, pero es algo que lleva mucha responsabilidad y sacrificio.
Imagen tomada de la web
Otra historia: En este caso el nombre de la entrevistada es confidencial. Aquí su experiencia:
“Conocí a mi pareja por medio de unos amigos cuando tenía 14 años. Él tenía novia, pero se enamoró de mí, la dejó, y comenzamos una relación.
Después de varias relaciones sexuales, quedé embarazada. Me di cuenta porque mi vientre creció, sentía náuseas y mareos. Al principio me dio miedo contarle a mi madre, pero lo hice. Ella lloró y me dijo: ‘¿Y ahora qué?’, pero también me aseguró que me apoyaría.
Fuimos al policlínico y, por lo avanzado del embarazo, no era seguro interrumpirlo. Me hicieron ultrasonidos y todo estaba bien. Durante los meses siguientes, mi familia y mi pareja me apoyaron mucho. El día del parto sentí dolor y miedo, pero al tener a mi bebé en brazos, sentí un lazo invisible que nos unía.
Hoy mi hija tiene un año. Logré terminar mis estudios, tengo trabajo estable y una relación maravillosa con el padre de mi hija. A pesar de todo, no quedé con traumas ni secuelas. Pero reconozco que no es una experiencia para vivirla a temprana edad. Yo tuve suerte, pero hay muchas jóvenes que no.”
Imagen tomada de la web
¿Por qué importa hablar del embarazo adolescente?
El embarazo en la adolescencia no solo transforma la vida de la joven madre, sino que tiene efectos en el bebé, la familia y la sociedad. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 12 millones de adolescentes entre 15 y 19 años dan a luz cada año en países en desarrollo.
Muchas veces, estos embarazos no son deseados ni planificados, y ocurren en un contexto de desinformación, desigualdad y falta de acceso a servicios de salud sexual y reproductiva.
Datos sacados de la OMS y Unicef
Hablar del embarazo adolescente no es para asustar, sino para prevenir y dar herramientas que permitan tomar decisiones informadas. Ser madre puede ser un acto de amor inmenso, pero hacerlo sin estar preparada puede traer sufrimiento, abandono escolar y riesgos para la salud.
Es fundamental que sepas que no estás sola. Hay redes de apoyo, servicios de salud, docentes y familias dispuestas a ayudarte. La adolescencia es una etapa para soñar, aprender y construir tu futuro. Infórmate, cuídate y no dejes que una decisión sin pensar cambie tu historia sin darte oportunidad de elegir.
📌 Recuerda: Tu cuerpo, tu vida y tu futuro valen mucho. ¡Infórmate y decide con responsabilidad!
Entrevista a Lisy Jorge Mendez, oficial de protección de Unicef Cuba
Por Melani Bárbara Cedeño Fonseca, adolescente del taller de periodismo adolescente de Escaramujo en colaboración con la revista Pionero.
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE QUE LOS ADOLESCENTES CONOZCAMOS NUESTROS DERECHOS?
En Cuba se están haciendo nuevas leyes que buscan proteger mejor a la infancia y la adolescencia. Primero se cambió la Constitución, luego se aprobó el nuevo Código de las Familias, y ahora se está trabajando en una nueva ley especial para niñas, niños y adolescentes. Este es un momento muy importante para hablar de sus derechos, para que todas y todos podamos entenderlos mejor, y para que ustedes sean reconocidos como personas con voz propia, con ideas, necesidades y derechos que deben respetarse siempre.
¿CÓMO LLEGAN ESTOS DERECHOS A LOS ADOLESCENTES?
Existen instituciones que tienen un papel muy importante en enseñar y defender los derechos de las infancias y las adolescencias. Por ejemplo, las escuelas, que los acompañan en su formación; el sistema de justicia, que debe protegerlos cuando hay un problema; y los medios de comunicación, que los ayudan a que toda la sociedad conozca sus derechos. También hay otras personas y organizaciones que pueden apoyar mucho: las universidades, los gobiernos locales, las comunidades, las organizaciones estudiantiles, y por supuesto, las familias. Todos tenemos una parte en este compromiso.
¿QUÉ ES EDUCAR EN DERECHOS?
La educación en derechos es aprender cuáles son los derechos que tienen todas las niñas, los niños y los adolescentes. También es aprender cómo pueden usarlos en su vida diaria, cómo defenderlos y cómo respetar los derechos de las demas personas. Pero no solo es importante que ustedes los conozcan, también las personas adultas tenemos que aprenderlos bien, para poder protegerlos, acompañarlos y tomar decisiones pensando siempre en su bienestar.
¿CÓMO CONTRIBUYE UNICEF A GARANTIZAR ESTA EDUCACIÓN EN DERECHOS?
UNICEF trabaja en todo el mundo para proteger los derechos de cada niño, niña y adolescente. En Cuba, desde hace más de 10 años, apoyamos una iniciativa llamada Por un mundo al derecho, junto al Ministerio de Justicia, que difunde información para que la sociedad conozca estos derechos y los ponga en práctica. Además, todo lo que hacemos en salud, educación y protección ayuda a que más personas conozcan y defiendan los derechos de niños, niñas y adolescentes.
¿CÓMO EL CONOCIMIENTO Y EJERCICIO DE SUS DERECHOS —A PARTIR DEL NUEVO CÓDIGO- PUEDE TRANSFORMAR LA VIDA DE UN ADOLESCENTE Y SU ENTORNO?
Aunque el Código de Niñez, Adolescencias y Juventudes todavia no se ha aprobado, ha servido para algo muy importante: que niñas, niños y adolescentes participen y den su opinión. Sus voces fueron escuchadas en las consultas que se hicieron en las escuelas. Esta ley, una vez que exista, servirá para que toda la sociedad tenga claro que ustedes son ciudadanos con derechos. También ayudará a que todos —padres, maestros, jueces, medios de comunicación- tengamos un lenguaje común para hablar de lo que ustedes necesitan para crecer felices, seguros y con derechos.
¿QUÉ HACER PARA QUE REALMENTE SE APLIQUE?
Para que esta ley no se quede solo escrita, sino que se cumpla en la vida real, hay varias cosas importantes que podemos hacer. Primero, explicar sus contenidos de forma clara y sencilla, con materiales amigables para ustedes y también para los adultos. Segundo, enseñar el Código en las universidades y en las carreras donde se forman las personas que trabajan con niñas, niños y adolescentes: como en Derecho, Psicologia, Pedagogia, entre otros. También es necesario capacitar a maestras, jueces, médicos, periodistas y familias. Y algo muy importante: seguir escuchando sus voces, porque ustedes tienen mucho que decir y aportar.
Por Nasaelys Isela Rodríguez Rodríguez, estudiante de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.
El Proyecto Escaramujo sigue demostrando que la comunicación puede ser un puente entre generaciones y un espacio para que los jóvenes encuentren su voz. Uno de sus logros más recientes fue la creación de un número especial de la Revista Pionero, fruto del Taller de Periodismo Adolescente realizado en la Casa Editora Abril en los meses de marzo y abril del 2025.
En mayo la revista llegó a manos de sus autores. El ambiente estuvo marcado por la alegría y la complicidad juvenil. Las risas, los recuerdos y la emoción de leer juntos por primera vez la revista convirtieron la jornada en un espejo donde los adolescentes se reconocieron y reafirmaron que sí tienen un espacio legítimo en la sociedad.
Para los organizadores, el taller fue también una confirmación de que la comunicación comunitaria tiene un poder transformador: cada esfuerzo realizado por Escaramujo es una apuesta por la memoria cultural y por el derecho de los jóvenes a narrar su propia realidad.
Más que una revista, lo que se vivió fue la confirmación de que los adolescentes tienen voz y que esa voz merece ser escuchada. Al ver sus historietas y textos impresos, muchos jóvenes expresaron orgullo por lo alcanzado y la satisfacción de sentirse parte de una publicación reconocida en todo el país.
La experiencia les permitió descubrir que sus ideas podían convertirse en historias compartidas, y que la comunicación es también un camino para encontrar su lugar en el mundo. Con el respaldo de instituciones como la , Casa Editora Abril y el Proyecto Comunitario SoñArte, Escaramujo reafirma su compromiso con la formación integral de adolescentes y con la preservación de la identidad cultural cubana.
Por Ana Beatriz Liens Samper y Claudia Torrado Peterssen, adolescentes del proyecto Escaramujo, futuras estudiantes de Periodismo
«Cuando hay feria, la Avenida Italia no es como todos los días». No recordamos quién dijo esa frase, pero nosotros, los muchachos del taller Campaña de Comunicación, convocado por los proyectos Avenida Italia y Escaramujo, lo teníamos claro desde muchísimo antes. Por eso, no fue una coincidencia que escogiéramos un fin de semana: el ajetreo de un sábado por la mañana era justo lo que necesitábamos, para que las entrevistas salieran perfectas.
Parecía una tarea fácil: elegir a una persona de la multitud, pedirle su consentimiento para grabar, hacerle un par de preguntas sencillas y dirigirnos, rápidamente, hacia alguien más. Sin embargo, poca era la experiencia que teníamos en labores periodísticas y eso, junto al nerviosismo que inspira trabajar en directo con el público, resultó un factor en contra.
Con anterioridad habíamos investigado los orígenes de la calle y quedamos fascinadas. No nos sorprendió que la mayoría de los que aceptaron conversar con nosotros poco supieran de su historia. Casi todos estaban al tanto de que a la avenida se le conocía de dos maneras distintas, y confirmaron que era más usual llamarle Galiano. El porqué de esta doble denominación o cuál era la oficial, son informaciones, generalmente, desconocidas. Hubo quienes sintieron vergüenza por su escaso conocimiento sobre la historia local, tanto así, que muchas veces se negaron, de manera rotunda, a ser grabados.
Cuando preguntábamos qué era lo que más les gustaba de la calle, solían repetirse términos como concurrencia, personas y movimiento. Ciertamente, ese mar de cabezas transitando en todas direcciones dotaba a la avenida de mucha vitalidad. Las cervezas frías en las manos de quienes pasaban, las animadas conversaciones, a lo lejos, y la música, proveniente de todas partes, constituían una prueba irrefutable.
Sin embargo, el parque Fe del Valle era diferente al resto de la calle. Allí, el tiempo parecía correr más despacio, y quienes estaban sentados en los bancos, protegidos por la sombra de los árboles, lo sabían. Se notaba en sus carcajadas, en sus caras de despreocupación y en ese señor que leía el periódico, como si la realidad no tuviera nada que ver con él.
En casi todos los intercambios con los transeúntes fueron temas recurrentes, la preocupación sobre la escasa limpieza y el delicado estado constructivo de muchos edificios de la zona.
Inevitablemente, cada vez que escuchábamos comentarios de este tipo, nuestra vista se paseaba por allí. Había bulla, carpas verdes, blancas y rojas donde se vendía todo lo que nos pudiéramos imaginar, gente apurada, otros de paseo y algunos niños con globos. Una verdad que contrastaba, bastante, con los opacos exhibidores que se encontraban detrás.
De las que en algún momento habían sido glamurosas tiendas, ahora no quedaba más que varias capas de polvo, paredes descoloridas y vidrieras medio vacías. Era imposible no hacer comparaciones con las fotos antiguas que habíamos encontrado en Internet. ¿Qué le ha pasado a las elegantes columnas y los extravagantes balcones que caracterizaron a esta arteria centrohabanera? Siguen ahí, ocultos por el paso de los años; quizás, con un poco de trabajo, podrían brillar nuevamente.
Por ejemplo, Fin de Siglo fue en sus inicios una enorme tienda departamental a la vanguardia del comercio habanero. Por muchos años acogió, también, a artesanos y «merolicos». En la actualidad, se encuentra totalmente clausurada y no solo las personas que solían comprar allí la extrañan, sino también quienes, por mucho tiempo, laboraron en el lugar. Ese es el caso de un señor, a quien por el momento llamaremos Manuel, que tuvo la amabilidad de contarnos una parte de su historia. Cuando Fin de Siglo cerró, él y otros compañeros fueron trasladados a la antigua tienda de artículos deportivos Cancha, situada también en la Avenida Italia.
Manuel recordaba muy bien la tienda Cancha de su niñez; allí había comprado su primer uniforme de pelotero. Hoy, ante la precaria situación inmobiliaria del recinto, se ve obligado a vender libros en la acera.
Podría parecer que ese sábado nos fuimos solo con preocupaciones, pero, nada más distante de la realidad. Sentadas en el Malecón y comiéndonos unas mazorcas de maíz que compramos en la feria, solo podíamos pensar en nuestras ganas renovadas de ayudar a que la Avenida Italia recupere el esplendor que guarda en la memoria de sus más antiguos habitantes. Hacemos nuestro el criterio de uno de los entrevistados: «Avenida Italia es, con sus risas y sus desvelos, nada más y nada menos, Cuba».
Proyecto educomunicativo que tiene como objetivo contribuir al desarrollo psicosocial de niñas, niños y adolescentes en Cuba.